¿Qué se puede hacer en un festival de cine cuando trabajas en él? Aparte de reencontrar viejas amistades y descubrir a nuevos conocidos, seguir la pista de equipajes extraviados o dispensar todo tipo de informaciones (insisto: de todo tipo) siempre existe un aliciente que hace más emocionantes las horas de festivaleo: el factor sorpresa. Este factor, a pesar de su singularidad, es multiforme. Dispone de una facultad de transformación que te puede desplazar del enigma inesperado a la alegría reparadora en pocos instantes. Lo que es más difícil de hacer mientras trabajas es sacar el tiempo suficiente para ver esa película que llevas esperando toda la semana. Indefectiblemente acabará vibrando uno de los móviles y el factor sorpresa se instalará en tu cabeza ordenando a tus piernas que se dirijan hacia la luz, fuera de la sala.

Allí, bajo las luces del Auditorio, la gente sale después de ti. Tú sigues hablando por teléfono. Ellos ven, votan, comentan y comparan. Entre los comentarios llegan algunos sobre Luis Fonsi y la calidad de sonido de sus conciertos o sobre un coche alérgico a los festivales de cine de Tenerife. Ves a brujas colombianas, agentes secretos de Oriente Medio o directoras sorprendentemente más simpáticas de la cuenta. Diferentes idiomas y acentos. La guagua llega puntual (casi siempre) y todos bajan a los hoteles. Mañana saltará de nuevo el factor sorpresa.

 

Jose Cabrera Betancort

Director de Producción de MiradasDoc 2009

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Después de la Seminci, he estado en Guía de Isora (Tenerife Sur) en el Festival Internacional de cine documental (Miradasdoc), donde participé en un coloquio con Juan Cruz, Aurelio Carnero y Javier Rioyo y encontré nuevos amigos como Alejandro, Rolando y el alcalde Pedro Manuel Martín que nos invitó en su casa a un puchero canario. La estancia fue breve pero muy agradable y el Festival tiene vitalidad. Aprovecho la ocasión para decir que, a diferencia del año pasado, el Festival de Valladolid, bajo la dirección de Javier Angulo, me produjo una excelente impresión y le deseo que ese sea el comienzo de otra etapa como la de los veinte años de Fernando Lara. De ambos sitios guardo un excelente recuerdo. Espero que el libro editado en Valladolid pueda verse pronto en las librerías especializadas y me gustaría tener ocasión de volver a visitar Tenerife. Por lo demás, estoy intentando reemprender el trabajo. Os doy las gracias a todos los que intervenís en este foro y pronto os daré nuevas y buenas noticias. Gonzalo.

Gonzalo Suárez

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Tuve oportunidad ayer de contarle a la gente que va al Festival Miradas Doc, de Guía de Isora, cuánto admiro a Gonzalo Suárez, y decirlo con él al lado. Gonzalo Suárez, el autor de Ditirambo, con la que se cambió la mirada del cine moderno en España, es unos de los grandes escritores de este país, cuyo azaroso comienzo en la literatura tiene su raíz en el periodismo, y más concretamente en el periodismo deportivo. Ahora es ya un maestro de la ficción, admirable creador de un mundo propio, insólito, dotado de una imaginación que confunde la realidad con los sueños. En su mirada está esa dualidad, y en su manera de reírse del mundo y de sus solmenidades. Muchos le leíamos en Dicen, la revista de fútbol que se hacía en Barcelona en los años sesenta, así que yo era un adolescente cuando me aficioné a su firma, que entonces era un seudónimo, Martín Girard. Era un periodismo distinto, literariamente arriesgado, y periodísticamente impecable, porque cumplía todas las reglas al tiempo que las rompía. Un día, lo contó anoche, se plantó ante el presidente del Inter de Milán, para el que trabajó en la época de Helenio Herrera, el genial entrenador, su padrastro, y le dijo que quería hacer cine y dejarse de periodismos y de informes futbolísticos, e incluso despreció un trabajo de enorme consecuencia económica que aquel patrón italiano tenía dispuesto para él. Ahí empezó a ser otro, y a ser tan solo Gonzalo Suárez, este personaje al que yo seguía como un fan desde mi adolescencia. Ahora acaban de hacerle un homenaje en la Seminci de Valladolid por toda su obra, que es grande, arriesgada, personal y extraña, profunda, una mirada rabiosamente independiente sobre la ficción y sobre la época (y las épocas), y a mi me cupo el honor de hacerle una larga entrevista que figura en el libro que el citado festival le ha dedicado. Pues ahora ha venido con su mujer, Helène, su compañera de toda la vida, y de todas sus correrías vocacionales, a hablar con Aurelio Carnero, gran impulsor del festival y del cine en Canarias, y conmigo, a este festival Miradas Doc que desde hace tres años se celebra con creciente éxito en Guía de Isora, la capital del sur de Tenerife, un lugar cuyo alcalde, Pedro Martín, quiere convertir en una referencia cultural que le quite a esta zona de la isla el aire de los dos monocultivos, la agricultura y el turismo. El festival lo dirige un poeta, Alejandro Krawietz, un miembro muy inteligente y versátil, silencioso y profundo, de esa nueva generación de canarios de la que hablábamos ayer, y trata de profundizar, con el concurso de documentalistas de todo el mundo, en la actividad de los cineastas que miran la realidad para dar una visión completa del acontecer humano, desde el sufrimiento a la felicidad. Setecientas películas compiten, y han tenido que seleccionar entre mil. Es una iniciativa extraña en una tierra en la que a veces sólo hay tiempo para carnavales, y es una ocasión de encuentro insólito entre cineastas de muchas nacionalidades que aquí reproducen un sueño que fue de la gente de la época republicana en las islas, la cultura se hace juntándose con aquellos que no hablan nuestro idioma pero que tienen una mirada que puede complementar la nuestra.

Gonzalo Suárez

Gonzalo Suárez

GonzaloSuárez vino a consolidar ese espíritu, y yo me sentí ayer muy feliz de sentarme a su lado, a escucharle y a hablar con él. Mientras hablábamos vino Javier Rioyo, que nos ayudó a adentrarnos en el mundo diverso de Gonzalo Duárez, y del documental, en el que él se ha convertido en un verdadero maestro. Antes, mientras nos tomábamos una pizza, le dije a Gonzalo que posara, y el resultado es esa fotografía que le he mandado a Rosa y que espero que no haya salido borrosa. Gonzalo miró a la cámara, desafiante, serio, así queél que ustedes ven es el Gonzalo que quiso ser en ese instante. De resto es un homnbre sonriente y jovial, divertidísimo, como se ve en su escritura, y en muchas facetas de su cine. Y ya me vuelvo; antes he pasado por El Médano, donde dormí anoche, para ver esta mañana el amanecer, que ha sido espectacular. El mar está tranquilo, la casa está llena de maderas, porque me han hecho un nuevo escritorio que está por aquí todavía desparramado, y el sol ya calienta como si fuera verano y el mediodía.

Juan Cruz

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Flores de Ruanda

Estoy en el sur de Tenerife, en un querido festival documental en Guía de Isora. Hay películas de medio mundo, también de mundos que apenas tienen cine y que lo necesitan. Hace más de un siglo que necesitamos al cine. Y todavía el cine nos necesita, no sé por cuánto tiempo seguiremos siendo necesarios, no sé cuánto más seguiremos haciendo ese ritual de cerrarnos en compañía de otros y en una sala oscura para mirar los mundos que desde una pantalla blanca nos ofrece emociones -o al menos nos las pretende ofrecer. Cuando llegan, es igual de dónde vengan, se quedan entre nosotros como algunos de esos poemas, de esos cuentos, de esas novelas que también forman parte de nosotros. No tienen fronteras, ni colores, ni lenguas, tienen la necesaria verdad de las mentiras.

Me gusta poder ver cine que llega de Burkina Faso, Sudán, Kenia, Irán, Israel o Sudáfrica. Me da igual de dónde venga. De la sofisticación urbana, de la fábrica de Hollywood o de las calles peligrosas de Colombia. El cine no tiene patrias.

En este lugar del sur me encuentro con el más escritor de nuestros cineastas o con el más cineasta de nuestros escritores, Gonzalo Suárez. El mejor amigo español que tuvo uno de los grandes del cine, Sam Pekhipah. Suárez lleva muchas décadas haciendo cine a su aire, al libre aire de los que no quieren hacer un comercio con esta forma de contarnos el mundo, su mundo, nuestro mundo. Unas veces acierta más que otras, nunca engaña.

El cineasta que escribe me regala un libro que ha sido rescatado por una hija suya, una querida traductora, de pensamientos sueltos a los largo de muchos años. Lo llama, El secreto del cristal y es una colección de aforismos y desafueros que contienen pensamientos como éstos:

“En ocasiones, encontramos un libro o una película que nos reconforta tanto como la charla, como un buen amigo, o nos abre una ventana y nos vuela los papeles.”

Otra:

“Leemos libros y vemos películas para no sentirnos solos, incluso cuando estamos acompañados.”

Me gusta pensar que hay amores que duran muchos libros, muchas películas.

Javier Rioyo

www.miradasdoc.com

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